Cobardía

Un oso, Malherido, intentó escapar de la bondad divina que lo acechaba. Con sigilo procuró no acercarse demasiado, puesto que consigo traía grandes caos.

—No temas a cumplir tus sueños, no lo pienses demasiado, mi querido Malherido, tienes semejante talento y no eres capaz de notarlo. No creas que está mal el sufrimiento, a veces es necesario—. Aconsejó parsimoniosamente la pendeja.

Siempre pensaron que los planes que compartían se cumplirían de algún u otro modo, pero muy equivocados estaban, puesto que el destino les tenía preparado otra cosa muy distinta de lo que suponían.

Las brujas suelen saber de ante mano qué es lo que les depara su destino, y el de algunos otros más, cuando quieren o necesitan saberlo para ayudar. La pendeja sabía que tenía que dejarlo ir en algún momento, pero siempre se rehusó rotundamente a hacerlo. Las almas que encajan tan bien, son incapaces de separarse del todo, están entrelazadas como del más allá, como de vidas pasadas.

Cuando por fin lo dejó ir, deseó tanto bien  para él como el odio que tenía sobre sí misma. Nunca quiso otorgarle ningún tipo de daño, y sin embargo lo destruyó de muchas maneras, bueno, ambos lo hicieron.

—Esa noche que vimos como nueve estrellas fugaces a la orilla del río delante de nuestra carpa, yo deseé siempre estar junto a ti—. Le dijo a su oso con lágrimas queriendo escapar, mientras sentía la lluvia y la melancolía estremecedora del término de una relación tan genuina.

—Es curioso, yo deseé lo mismo—. Respondió Malherido con un intento de sonrisa que suponía ocultar semejante tristeza delirante. Luego, con el corazón en la mano, intentó dejar ir a lo que parecía ser el amor de toda su vida.

Los osos como Malherido, no tienen la madurez suficiente como para luchar en contra de toda adversidad, con el objetivo de cumplir todas sus metas y grandes sueños. No tienen la seguridad suficiente para actuar con vasta libertad y vivir con la mayor cantidad de serotonina. Ya no cantan a la luna ni al sol, ya no tocan instrumentos con estrellas que bailan rock and roll. Esta criatura se despojó de lo mucho que le gustaba volar, junto a alguien que llevaba décadas en el cielo. Entre las nubes intentaron quererse bien, mas no consiguieron comprender que las mentes evolucionan sin querer, y que si se desconocen las emociones, resulta muy difícil determinar una solución que evite el desamor.

Las brujas como Pendeja, presienten todo desde tiempos inmemoriales, no obstante, se odian demasiado y no tienen autocontrol. Se dejan lastimar todo el tiempo, con tal de otorgar satisfacción a los que ama, y ese es precisamente el problema. Entrega tanto y tanto sin esperar nada a cambio, que tolera mil y una traiciones sin preocuparse del dolor adicional. La verdad es que ya es costumbre que la pisotee medio mundo cuando baja la guardia por ser una humilde y buena persona.

¿Acaso esperaban valentía? Es claro que no, el título es su antónimo. Aunque también es necesaria mucha valentía para dejar ir al amor de amores. Para que despiertes sin su linda compañía, e intentes no recordarle todo el jodido tiempo.

Los mecanismos de defensa actúan sin previo aviso, huir de todo te sirvió, esconderte también, entre tantas cosas. El problema es que su uso fue un poco acorde en la infancia, pero ahora en la adultez solo genera una discriminación prejuiciosa constante, porque simplemente la gente promedio no entiende que las reacciones impulsivas están muy lejos de tu control cuando sientes todo tan intenso, también es fisiológico, joder. Además, resulta complejo no reprimir tus emociones cuando fue lo único que hicieron contigo alrededor de toda tu vida.

—La mejor parte de estar contigo es que puedo ser yo misma, no tengo que fingir nada. Me encanta lo que soy cuando estamos así, juntos—. Y tenía razón, no había que ser bruja para saberlo, ella sentía la pasión, alegría y amor a un nivel sobrenatural. Era el oso que siempre quiso en su mundo.

—Me siento igual—respondió.—No tengo que reprimir nada, puedo decir groserías, tomar contigo, fumar, jugar, y todo es divertido. Solo soy yo mismo—.

Y esos ojitos continuaron mirándose hasta en sueños, por el resto de sus vidas posteriores, anteriores y presentes.

9 comentarios en “Cobardía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s